Era la víspera de Pentecostés y la fecha no podía ser más simbólica: la mejor prueba de que el Espíritu está con nosotros y anima nuestra comunidad, especialmente en momentos importantes de toma de decisión. De esta forma, el pasado sábado 19 de mayo tuvo lugar una nueva Asamblea de Zona (la segunda cuatrienal) de Fraternidades Marianistas de Valencia, en nuestra casa que es el Colegio El Pilar.

Estructura y objetivos, aunque sean siempre los mismos, no por ello dejaron de ser necesarios: hicimos balance de una etapa y elegimos a nuestra nueva responsable de zona. Haciendo un primer juicio de valor la participación probablemente pudo (o debía) haber sido mayor, especialmente por parte de la gente más joven de nuestra comunidad. ¿Fechas? ¿Formato del encuentro? ¿Falta de identificación con el proyecto colectivo? Son preguntas sin respuesta pero que no deberemos perder de vista.  Aunque siempre argumentamos que lo importante es la calidad y no la cantidad, al final todas y todos somos insustituibles con nuestra presencia, máxime si este encuentro se produce cada cuatro años.

Respecto al balance, fue un momento intenso, exhaustivo y de mucha honestidad, con ese vídeo tan cariñosamente editado, cuya pegadiza canción nos hizo soltar más de una carcajada. Pudimos recordar los ejes más relevantes del proyecto cuatrienal, sobre todo a través de las diversas comisiones, sus objetivos y sus resultados, así como toda la dimensión celebrativa y de encuentro que ha habido. Se nos abrieron los ojos a esa cantidad ingente de trabajo hecho por y para las Fraternidades en estos cuatro últimos años, sobre todo para quienes hemos estado en este tiempo mirando desde la barrera más que lidiando en el ruedo: sal de tu tierra, deja tu zona de confort, escucha, traslada a tu vida, déjate transformar, ponte en camino, anuncia…. Comisiones de misión, liturgia, consagrados definitivos, iniciación, familia…allí estaban todas. También hubo un recuerdo especial para nuestros queridos Sebastián Tabernero y José María Salaverri, que tanto han hecho por la Familia Marianista y, en concreto, por las Fraternidades. Probablemente nuestra responsable de provincia, Begoña Marín, pudo comprobar la dimensión numérica de nuestra comunidad; pero esperamos que, sobre todo, se quedara con la imagen de una comunidad rica y diversa, como aquella primigenia de Pentecostés a la cual aspiramos al menos aparentar. Ella misma apeló a la necesidad de la intensidad espiritual como algo que debemos seguir reforzando.

Durante la primera parte de la Asamblea nos faltó quizá un poco más de espacio para las intervenciones planificadas y también para las espontáneas que pudieran surgir, pero hubo muchísima comprensión con la situación de retraso y las y los ponentes acotaron sus intervenciones. Destacar, entre otras ponencias, la tan original exposición de Juan Serra de los presupuestos y de nuestro compromiso monetario con el símil de la tarta: ¡más claro no se pudo explicar! También llegaron a nuestro corazón los testimonios de Mª José Morell y de Sergio Esparza, apelando a la misión en Burjassot, con Novaterra o desde Acción Marianista. Y recibimos una teatralizada “última llamada” al tren de la peregrinación de este año por parte de Paco Iranzo, monólogo digno de tener su sitio en alguno de los teatros de la calle Alcalá.

Uno de los momentos más esperados llegó con la elección de nuevo/a responsable de zona. Pero no había de qué preocuparse: sabíamos que el Espíritu actuaría, manifestando unos dones y servicios en la persona más votada, Herminia Rangel, la cual aceptó generosa el respaldo recibido para dar el relevo a Marisa Iranzo; y concediendo otros al segundo candidato, Iván Broseta, quien los hará seguro fructificar en otro destino. Lo que sí quizá sea para preocuparse (aunque sea un poco) es la limitada participación que hubo en las votaciones, ya fueran telemáticas (¡asombroso avance, pero no lo suficientemente aprovechado!) o presenciales. Una participación en el proceso de elección de la mitad de fraternos y fraternas nos debe llevar a reflexionar.

Y como somos comunidad para encontrarnos y compartir el pan y el vino, tuvimos claro que lo haríamos tanto desde la mística (la eucaristía) como desde la “mástica” (la cena). Con una celebración eucarística de Pentecostés inundada del Espíritu, en la que agradecimos la generosidad y sacrificio del equipo saliente (¡GRACIAS Marisa, Yolanda, Juan…y respectivas familias en la sombra!) y el sí maduro y confiado de nuestra nueva responsable. Y con una cena llena de cariño, con concurso de postres incluido que, gracias a esas fraternas en la sombra y a la mano de cocineras y cocineros desinteresados pudimos tener tan bien organizada.

Que el Espíritu siga soplando en esta nueva etapa y dejando que en Fraternidades Marianistas sigamos hablando diferentes lenguas; diversas, pero todas ellas transmitiendo el mensaje de la alegría del Evangelio con actos y palabras llenos de vida.