¿Cuál es tu nivel de íntima amistad con el Espíritu Santo? Ya que en esta celebración invitábamos a intimar personalmente con Él, a recibir sus dones:

Sabiduría para ver las cosas como Dios las ve. Entendimiento para comprender la Palabra de Dios. Consejo para hacer lo correcto en circunstancias difíciles. Ciencia que nos hace ver que toda la Creación, que es tan hermosa, proviene del Amor de Dios. Fortaleza, piedad, sanación, lenguas, milagros, temor de Dios por amor a Él…

Y así como los apóstoles volvieron del monte de los Olivos a Jerusalén, en compañía de María, otras mujeres y sus hermanos, perseveraban en la oración. Nosotros, mientras cantábamos: “Espíritu… Espíritu… Santo Espíritu… ven a mí”,  cada uno fuimos encendiendo nuestro velón directamente del cirio pascual, como símbolo de nuestros anhelantes deseos de que el Espíritu Santo nos repartiera sus dones, según Él gustara, a cada uno en particular, y para su provecho, como nos dice San Pablo en su primera carta a los Corintios.

Y poco a poco fuimos relajándonos con nuestras velas mientras interiorizábamos cuatro vídeos muy esclarecedores sobre Pentecostés:

1-. Jesús pidió a los apóstoles que lo dejaran todo. Quería su amistad. Les enseñaba, les corregía, les mostraba cómo se guardaba ratos para orar con el Padre. Curó de unas fiebres a la suegra de Pedro porque éste era su amigo.  Cuidaba intensamente la intimidad. Y cuando les anunció que se iba, aunque no sabían lo que iba a pasar, seguían teniendo confianza en Él.

2-. Hoy nuestro hermano mayor nos dejaría su tarjeta de crédito; entonces Jesús nos regaló una verdadera locura: la posibilidad de llenarnos del Espíritu Santo, que debía ser una Persona increíble, porque reparte su fuerza para discipular por el mundo entero. Y ahora somos muchos, pero entonces eran doce, y no tuvieron vergüenza. Con razón dijo: “Os conviene que me vaya”.

3-. Cuando nos enseñó: “Yo soy la vid verdadera, mi Padre el viñador, y vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése dará mucho fruto. Permaneced en mi amor”… no nos estaba exigiendo a cambio de su regalo dar frutos, sino que nos animaba a permanecer en su amistad.

4-. Y cuando nos advirtió: “No entristezcáis al Espíritu Santo”, nos alentaba a empezar a practicar nuestro diálogo personal con el Espíritu Santo pidiéndole  -“Lléname de tu amor”-, a aumentar nuestro nivel de confianza ante cualquier circunstancia,  -“¿Espíritu, cómo lo hacemos?”-, y a escuchar sus respuestas en misa, o con la Palabra, o por medio de terceras personas… en el trabajo, al ir al colegio, al volver a casa… Aunque igual sólo sientas paz…En este ambiente de comunidad tan intensamente orante, celebramos las renovaciones de la Consagración a María y nos despedimos rezando con el canto del Magníficat de lujo a María, Madre Nuestra.

 

Tags: , , , , , , ,