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El encuentro del mes de mayo de la Zona de Zaragoza tuvo lugar el día 23, víspera del Pentecostes, en la sala de conferencias del Colegio Sta. María del Pilar. La fraternidad Shemá tenía previsto hacía meses invitar a un jesuita a una de sus reuniones con objeto de que éste hiciera una exposición seguida de mesa redonda en torno al tema del discernimiento en la vida cotidiana. La idea pareció interesante y aprovechable para el resto de la Zona, por lo que, finalmente, la charla de Kiko del Barco (el sacerdote jesuita invitado) tuvo lugar en este encuentro de mayo.

Quico- joven jesuita sevillano que, tras pasar unos años en Paraguay, actualmente se encuentra destinado en el Centro Pignatelli y el colegio El Salvador de Zaragoza- centró su intervención en el discernimiento como la manera de entender lo que Dios nos habla.

Subrayó que Dios habla y que es nuestra responsabilidad descodificar lo que nos dice. Insistió, asimismo, en que Dios, más que “querer algo de nosotros”, nos quiere a nosotros. Quiere que seamos felices y que acertemos en las elecciones que realizamos en nuestra vida.

Siguiendo el contenido de los Ejercicios de San Ignacio, explicó que existen tres vías de discernimiento, entendiendo que el discernimiento consiste en elegir entre dos cosas buenas, tratando de descubrir cual es la mejor para nosotros:

La primera de estas vías se sigue cuando una de las dos opciones puestas en cuestión no proporciona una gran consolación, es decir, una felicidad grande, que llega a restar importancia a todas las renuncias que comportan esa elección. En estos casos, Dios está en esa opción.

La segunda vía se puede adoptar cuando la decisión no está tan clara. Consiste en hacer una lista de pros y contras de cada una de las opciones y orar para recibir luz para realizar la elección. Una vez hecha, suele venir la confirmación de la decisión tomada.

En la tercera, que se recomienda cuando la decisión nos provoca gran desasosiego, se toma distancia de la elección, y se adopta el papel de alguien que tuviera que aconsejar a otra persona sobre esa decisión.

En todo caso, para discernir, hay que vivir la indiferencia o desapego de las pasiones. De esta manera se trata de evitar que aquéllas condicionen la elección que realizamos.

Siguiendo la terminología ignaciana, Quico nos habló también del “buen espíritu”, que, cuando vivimos la espiritualidad en progresión ascendente se percibe como “gotas que van empapando una esponja”; y del “mal espíritu”, que, en estas circunstancias, es como “gota que cae sobre la piedra”, produciendo estrépito y ruptura.

El jesuita destacó finalmente la conveniencia de hacer examen cada día, haciéndonos cada uno las preguntas “¿Cómo ha pasado Dios por mi vida hoy?, ¿le he dejado entrar?”

En el posterior turno de intervenciones, se habló, entre otras cosas, del discernimiento comunitario.

Para acabar, agradecimos su presencia y sus palabras a nuestro invitado mediante unos obsequios y terminamos el encuentro con una merienda compartida en el comedor del colegio.

 

Juanjo Osacar