El sábado, 21 de enero, la Comisión de Misión preparó el encuentro de zona con una estupenda ponencia en la que reflexionamos en torno a la misión de nosotros, los cristianos, en nuestro día a día.

En primer lugar, Amparo Moreno, trabajadora social, nos habló sobre las injusticias sociales, sobre cómo hay que afrontarlas, cómo ella trata de lidiar con ellas desde su modo de vida cristiano. Hizo referencia  al Papa Francisco invitándonos a soñar, construyendo el mundo desde dentro. Nos hizo ver que el mundo contigo puede ser distinto. Eso sí, si tú no pones lo mejor de ti, el mundo no será distinto. Es un reto. Al igual que Jesús nos invita y nos llama a dejar nuestra huella en la vida, una huella que marque la historia, que marque tu historia y la historia de tantos.

En segundo lugar intervino Vicente Roig, biólogo. Él reflexionó sobre las economías, sobre el sistema que hemos creado, sobre el valor que le damos a las cosas y sobre la importancia de cuidar el medio ambiente. También nos habló de santificar el trabajo, de trabajar bien y trabajar por amor, ya que ambos están íntimamente unidos. No me refiero al resultado brillante de una actividad concreta, sino a la dediación que hemos de poner. Un trabajo bien hecho no es lo mismo que un trabajo que sale bien. Lo que importa es la actitud interior, no los resultados. Las abejas estructuran perfectamente los panales y producen una miel sabrosísima, pero no trabajan porque no son capaces de amar. Dios se fija en el corazón, porque es ahí donde se encuentra la clave de una tarea bien o mal terminada. Por eso es tan importante cuidar el medio ambiente, porque lo que se nos ha regalado, tenemos que dejarlo igual o mejor que como estaba. La importancia del reciclaje y que nada de este mundo nos debería de resultar indiferente. El Papa Francisco nos lo recuerda en su carta encíclica Laudato Si donde renueva la invitación a «eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente» y recuerda que el mundo no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque «el libro de la naturaleza es uno e indivisible», e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etc. Por consiguiente, «la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana».

Por último, Guillermo Pérez nos propuso preguntas sobre la autenticidad de ser cristiano, nos recordó la importancia de ser ejemplo en el mundo y de no vivir acomplejados, de estar orgullosos de ser cristianos y sobre el valor de la Eucaristía. En la Misa encontramos el Modelo perfecto de nuestra entrega, porque allí está Cristo vivo, palpitante de amor, esperándonos. Por eso la Misa es la raíz de la vida interior. Hemos de estar bien unidos a esa raíz, porque en la Misa recuperamos las fuerzas gastadas en la vida cotidiana y nos colmamos de deseos de santidad y apostolado. Guillermo también nos habló sobre la importancia de la oración, que no es nada más que dialogar con él, hablarle y escucharle, como una conversación entre dos amigos, porque Jesús es nuestro amigo. Una charla que concluye con renovados deseos de vivir

Desde la humilde exposición de sus experiencias se prolongó el encuentro con algunas intervenciones que nos enriquecieron y nos hicieron pensar a todos.

Fue muy positivo acudir al encuentro para no perder de vista el foco hacia el que deberíamos actuar y pensar los cristianos en nuestro día a día. Haciendo misión en nuestra relación con nuestro entorno más cercano y con el mismo Jesucristo.

 

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