““Igual hay que ir a lo esencial”
Soy Vero y soy de esas personas que tiende a darle muchas vueltas a las cosas, que quiere que todo tenga coherencia. El momento de mi vida en el que me encuentro hace que mi compromiso con las fraternidades no sea tan fuerte como me gustaría, y esto mismo es lo que hizo más difícil decir SÍ a la hora de plantearme la consagración definitiva.
Hasta que una persona, muy sabia me dijo: “igual hay que ir a lo esencial”.
Esta frase dio en el clavo, hizo que cambiara el enfoque y me hiciera una pregunta: ¿qué hay de especial en las fraternidades para que yo dé mi Sí definitivo?
Y en esa búsqueda, se repetían estas 3 palabras:
MISIÓN ORACIÓN COMUNIDAD
La siguiente frase sacada del evangelio es una de las más importantes para mi desde hace mucho tiempo, porque considero que mi vida tiene que ser para los demás.
“Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”.
He de decir que, una de las cosas que me gustó de fraternidades fue la presencia de María, por identificarme con ella como mujer, y ahora como madre, pero también por el gran modelo de sencillez, humildad, y fortaleza que representa para mí. “Me gustaría ser cada día un poquito más como ella”.
Quiero que el evangelio sea cada vez más coherente en mi vida, y aunque suene a tópico, SER cada día MEJOR PERSONA.
Y conseguir esto en un mundo cada vez más individualista, consumista, donde se juzga a todo el mundo sin piedad, donde la empatía brilla por su ausencia, donde las prisas no nos dejan percibir las cosas que pasan a nuestro alrededor…, es ir a contracorriente y no es nada fácil. Incluso me atrevo a decir que es AGOTADOR.
Pero en fraternidades encuentro personas con mis mismas ganas de remar contra corriente, de que cada día se note que nos “mueve el evangelio”.
Resumiendo, quiero que el evangelio sea mi modo de vida, veo que la misión sin oración es muy complicada y que la Fe hay que vivirla en comunidad; en Fraternidades he encontrado un lugar, una familia en la que poder VIVIR Y TRABAJAR estas tres cosas que son imprescindibles para mí.
Así que el Domingo 12 de enero me consagré de manera definitiva, para decir un sí a Jesús y María, porque estos síes los tengo claros desde hace mucho tiempo, aunque a veces hayan surgido dudas o frustraciones, y para compartir con mi comunidad mi SÍ a este estilo de vida.
Igual hay que ir a lo esencial”
Soy Vero y soy de esas personas que tiende a darle muchas vueltas a las cosas, que quiere que todo tenga coherencia. El momento de mi vida en el que me encuentro hace que mi compromiso con las fraternidades no sea tan fuerte como me gustaría, y esto mismo es lo que hizo más difícil decir SÍ a la hora de plantearme la consagración definitiva.
Hasta que una persona, muy sabia me dijo: “igual hay que ir a lo esencial”.
Esta frase dio en el clavo, hizo que cambiara el enfoque y me hiciera una pregunta: ¿qué hay de especial en las fraternidades para que yo dé mi Sí definitivo?
Y en esa búsqueda, se repetían estas 3 palabras:
MISIÓN ORACIÓN COMUNIDAD
La siguiente frase sacada del evangelio es una de las más importantes para mi desde hace mucho tiempo, porque considero que mi vida tiene que ser para los demás.
“Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”.
He de decir que, una de las cosas que me gustó de fraternidades fue la presencia de María, por identificarme con ella como mujer, y ahora como madre, pero también por el gran modelo de sencillez, humildad, y fortaleza que representa para mí. “Me gustaría ser cada día un poquito más como ella”.
Quiero que el evangelio sea cada vez más coherente en mi vida, y aunque suene a tópico, SER cada día MEJOR PERSONA.
Y conseguir esto en un mundo cada vez más individualista, consumista, donde se juzga a todo el mundo sin piedad, donde la empatía brilla por su ausencia, donde las prisas no nos dejan percibir las cosas que pasan a nuestro alrededor…, es ir a contracorriente y no es nada fácil. Incluso me atrevo a decir que es AGOTADOR.
Pero en fraternidades encuentro personas con mis mismas ganas de remar contra corriente, de que cada día se note que nos “mueve el evangelio”.
Resumiendo, quiero que el evangelio sea mi modo de vida, veo que la misión sin oración es muy complicada y que la Fe hay que vivirla en comunidad; en Fraternidades he encontrado un lugar, una familia en la que poder VIVIR Y TRABAJAR estas tres cosas que son imprescindibles para mí.
Así que el Domingo 12 de enero me consagré de manera definitiva, para decir un sí a Jesús y María, porque estos síes los tengo claros desde hace mucho tiempo, aunque a veces hayan surgido dudas o frustraciones, y para compartir con mi comunidad mi SÍ a este estilo de vida.

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Soy Miren y desde el pasado enero soy consagra definitiva. LLevo trece años en esta comunidad de fe y sentí que era el momento de dar este paso hacia delante en esta familia.

 

Y llegue a las Fraternidades Marianistas, porque se me cerraron otras puertas y como dicen; cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana. Y esta fue mi ventana. La primera vez que fuí a una de las reuniones fue para probar, eso es lo que me dije a mi misma y a los demás, después de estos años algo muy fuerte hizo que me quedara.

 

Si miramos dentro de nosotros, vemos que somos unas pocas seguridades y un montón de inseguridades y cuando me tocó escribir la carta a la responsable de Provincia tuve que pensar mucho en ello. Tuve que averiguar que era para mí el carisma marianista y por supuesto que era para mí el decir sí definitivo.

 

Lo primero era decir sí a pertenecer a esta gran familia que desde el día uno me han apoyado, me han empujado hacia delante, han creído en mí y son parte esencial de mi vida y mi día a día. Sé que los tengo para lo que necesite. Para orar con ellos, para contar mis penas y alegrías, para seguir en la fe y no decaer.

 

Quizá también se trate de asumir el proyecto de vida que Dios me ofrece, es el plan de vida que Dios pone en mis manos, siempre desde el amor y libremente.

 

Este sí, es también el envío a una misión. Junto con las fraternidades a mí se me puso en mi vida el voluntariado a la gente más necesitada y pobre de mi ciudad, y es el caminar con la confianza puesta en Dios lo que hace además que responda de manera alegre y generosa a su llamada.

 

Una vez que ya has decidido darte sin medida como lo hacía María o al menos intentarlo, es posible que Dios entre en la vida de más personas.

Y ahora, como creyente laica marianista, viendo que ambas realidades son una misma cosa y que a partir de mi consagración definitiva, la espiritualidad marianista y las Fraternidades son ya y para siempre referentes básicos de mi VIDA y de la VIDA DE FE.

Hay una frase de Benedicto XVI, creo que de la exhortación del Papa sobre los jóvenes, yo la encontré gracias al retiro de consagraciones que tuvimos en Irun el pasado año, donde dice: ”No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” La mía fue encontrar este grupo de fe, esta pequeña gran familia.