Inmersos ya en el tiempo de Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, donde se nos vuelve a proponer fundamentalmente tres prácticas a las que la tradición cristiana da un gran valor, la oración, el ayuno y la limosna, y disponernos así a celebrar la Pascua. Porque es importante prepararse para los acontecimientos importantes de la vida, como en los cuarenta días de Moisés en el monte o de Elías en el desierto o de Jesús antes de empezar su misión.

 Muchas veces, lo primero que nos viene a la cabeza cuando hablamos del ayuno en Cuaresma es que nos abstenemos de comer carne todos los viernes. Pero la virtud del ayuno se confirma aún más cuando no sólo nos mantenemos en abstinencia física de alimento sino también de algunas actitudes.

¿QUIERES AYUNAR EN ESTA CUARESMA?

 Ayuna de palabras hirientes. Y transmite palabras bondadosas. Ayuna de descontento. Y llénate de gratitud. Ayuna de enojos. Y llénate de mansedumbre y paciencia. Ayuna de pesimismo. Y llénate de esperanza y optimismo. Ayuna de preocupaciones. Y llénate de confianza en Dios. Ayuna de quejarte. Y llénate de las cosas sencillas de la vida. Ayuna de presiones. Y llénate de oración. Ayuna de juzgar a otros. Y descubre a Jesús que vive en ellos. Ayuna de tristeza y amargura. Y llénate de alegría el corazón. Ayuna de egoísmo. Y llénate de compasión por los demás. Ayuna de falta de perdón. Y llénate de actitudes de reconciliación. Ayuna de palabras. Y llénate de silencio y de escuchar a otros. (JAVIER METHOL).

Ayunar no es sólo privarse de comer, para los cristianos no es únicamente un método dietético. El ayuno de las cosas materiales nos libera de las cosas que nos esclavizan. El ayuno de actitudes negativas nos ayuda a centrarnos en las cosas sencillas y realmente importantes de nuestra vida. El ayuno del alimento material facilita una disposición a escuchar a Jesús y alimentarse más de su Palabra. El ayuno nos habla de austeridad y solidaridad, porque cuando estamos saciados nos es más difícil ver y comprender las necesidades del otro. El ayuno nos acerca a Dios y nos hace más disponibles ante las personas y sus situaciones.

Que durante esta Cuaresma, el ayuno nos ayude también a prepararnos para vivir el gran misterio de nuestra fe.

Irene Miñón – Responsable Fraternidades Marianistas de la Provincia de Zaragoza

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