Estamos a punto de comenzar la cuaresma e inmersos en la celebración del año de la misericordia. Con esta idea en la cabeza, te pregunto, ¿qué es para ti la misericordia? ¿cómo se concreta en tu vida? Quizá sea una de esas palabras que entendemos desactualizada o que no sabemos bien cuál es su significado. Pero que hasta el 20 de noviembre tendremos la oportunidad, gracias al Papa Francisco, de conocer y celebrar más en profundidad.

Una de las particularidades de la que me quería hablaros, es precisamente de la profundidad de la misericordia, en cuanto al proceso que requiere hacerla presente en nuestra vida. De arraigarla con fuerza en las acciones cotidianas como base y cimiento.

El lenguaje de la misericordia puede ser peligroso y ambiguo. Puede sugerir un sentimiento de compasión y quedar reducido a tener un corazón compasivo, sin el acompañamiento de un compromiso práctico; puede quedarse en hacer “obras de misericordia”, sin abordar las causas concretas del sufrimiento y las injusticias; puede entenderse como una actitud paternalista hacia las necesidades de nuestra sociedad. Para entender mejor todo esto podemos diferenciar los siguientes elementos. En primer lugar, se da una interiorización del sufrimiento ajeno, dejo que penetre en mis entrañas, en mi corazón, en mi ser entero, lo hago mío de alguna manera, me duele a mí. En un segundo momento, ese sufrimiento interiorizado, que me ha llegado hasta dentro, provoca en mí una reacción, se convierte en punto de partida de un comportamiento activo y comprometido. Por último, esa reacción se va concretando en actuaciones y compromisos diversos orientados a erradicar ese sufrimiento o, al menos, aliviarlo”. (José Antonio Pagola)

En la misericordia, no se trata únicamente de tener un sentimiento de lamento ante las situaciones injustas de nuestro mundo. Tampoco de alardear de nuestras acciones como si fueran trofeos. Se trata de que la misericordia cale en lo profundo de mi ser y me transforme para mostrar al prójimo el amor Dios, tal y como nos pide el papa Francisco, especialmente en este tiempo de cuaresma.

Irene Miñón – Responsable de las Fraternidades Marianistas de la Provincia de Zaragoza

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