Escribo este artículo de Al Habla en casa, desde el desconcierto, desde la preocupación y el miedo, desde esta realidad inimaginable de vivir en nuestros hogares, en nuestras ciudades, totalmente aislados. Son días en los que nos golpean sentimientos de dolor, de muchas preguntas, de enfado, de cansancio,… Aparece la enfermedad cerca, quizá en un familiar, un amigo o un compañero de trabajo, una realidad que nos ha venido de golpe, para la que no estábamos preparados.

Quizá esta realidad sea una oportunidad para reforzar la esperanza. Por eso me gustaría compartir con vosotros varias ideas de los ejercicios espirituales que compartimos varios fraternos de Zaragoza y de Vitoria el fin de semana del 29 de febrero y 1 de marzo en Burlada (Pamplona), acompañados por Ignacio Otaño SM:

– Debo procurar tener una gran paz, porque Dios me llama a la confianza.

– Dios es creador de felicidad, quiere que sea feliz y me propone las bienaventuranzas como programa de vida para mí.

– De un texto “Pero yo sí te conozco” que reflexionamos me quedo con esta frase: “Te veo y te amo. Es a ti mismo al que amo. No al mal que tú haces. Ese mal que no se puede ignorar, ni negar, ni atenuar.  Pero toda tu dureza y avaricia de corazón… todo eso… lo separo de ti. Y si yo soy el que rompo tus ataduras, ¿quién te impide levantarte y andar?”.

– Dios no me envía ningún sufrimiento, sino que me da fuerzas para poder afrontarlo y superarlo. La verdadera postura cristiana ante el sufrimiento y la cruz es: “Sé que esto te duele como a mí, y que me acompañas aunque a veces yo no te sienta“.

 

Gracias Ignacio por ayudarnos a reencontrarnos con un Dios que nos ama siempre y por tus mensajes esperanzadores. Ojalá que en estos días de aislamiento nos ayuden a reconfortar nuestro corazón y a seguir adelante siempre, en días a veces radiantes y en otros días a veces más sombríos.

Sonia Nogales