Durante el curso 2017 – 2018 los fraternos  definitivos de Valencia nos hemos reunido dos veces por trimestre. Los encuentros los hemos hecho coincidir con la Oración del Miércoles. Terminada la Oración hemos estado trabajando textos previamente escogidos del Padre Chaminade y como final  hemos compartido una cena sencilla.

En tres ocasiones nuestras hermanas religiosas nos han invitado en Alboraya a la celebración de la Eucaristía y a continuación hemos celebrado la reunión y la cena.

En las seis ocasiones hemos estado trabajando los Escritos y Palabras de nuestro fundador Guillermo José Chaminade. En el curso 2016 – 2017 ya tratamos los años difíciles para la Congregación y en paralelo los años de dificultad de nuestro fundador.

Este curso hemos continuado la dinámica iniciada y hemos tratado en tres documentos la etapa de irradiación e impulso en un lugar único y original, la Iglesia de la Magdalena en Burdeos.

En el curso próximo ahondaremos en nuestros orígenes como familia marianista, con su diversidad y riqueza vocacional.

En todos los casos, después de la oración inicial, ha sido Javier Subero quien ha introducido los encuentros con un estudio riguroso y ameno del contexto histórico, político, social y religioso que se vivía en los años finales del XVIII Y principios del XIX.

Los fraternos, en grupo de dos, hemos expuesto a continuación las cartas del Padre Chaminade seleccionadas y trabajadas y hemos compartido en comunidad las similitudes y diferencias entre los tiempos de nuestros fundadores y los actuales. Todas las reuniones han sido muy gratificantes y enriquecedoras. Nos han invitado a profundizar en nuestro carisma como consagrados marianistas, a conocer con detalles de nuestros origines y a vivir en comunidad nuestro carisma.

La asistencia de los consagrados definitivos ha sido pobre aunque fiel, activa, alegre y generosa. Poner en común con nuestras hermanas y hermanos religiosos marianistas la vocación, los anhelos y la esperanza de la mano  de Jesús y María  nos ha procurado a todos una intimidad fraternal que solo el Espíritu Santo y su Gracia sabe de ella.

En la última reunión del mes de junio que valoramos el curso destacamos la importancia de estos encuentros y la necesidad de revitalizarlos e invitar a los fraternos consagrados definitivos que no los conocen a asistir y participar.

Los encuentros de los fraternos definitivos son celebrativos, nos identifican como  comunidad, nos hace presentes, nos renuevan, nos comprometen, facilitan nuestra disponibilidad y vivimos la pertenencia con nuestra presencia activa. En una palabra: Encarnan nuestra consagración a María.

Unidos a Jesús y María. Un saludo

Rafael Oliete

 

 

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