El pasado día 27 de abril la zona de Almería estuvo de fiesta, rendimos un pequeño homenaje a alguien al que la zona de Almería y el barrio de la Chanca debe muchísimo.

Tomás estuvo en nuestra zona 16 años. Cuando el llegó el barrio era muy reticente a tener una presencia religiosa. Tomás siempre recuerda como tiraban piedras -de gran tamaño- a su casa de la Calamina, a las ventanas, techos, etc… Tampoco existían las fraternidades.

Poco a poco, el barrio fue viendo bueno lo que hacían esos religiosos, y fueron reconociendo su trabajo.

Aunque el trabajo fue duro, al pasar el tiempo, todo el mundo quería y respetaba en el barrio a Don Tomás.

Mientras tanto tuvo tiempo de trabajar sin descanso en el Colegio Virgen de la Chanca, y en el Colegio público de la Chanca, de fundar unas fraternidades en una zona marginal, de ayudar a levantar la parroquia de San Juan a su hermano y amigo en todas estas batallas, Eduardo Fernández Moscoso.

Consiguió que las fraternidades cuajaran, crecieran en número y profundidad. Y que nos hiciéramos poco a poco maduras. Fue el director espiritual de la gran mayoría. Siempre sabía lo que nos hacía falta, a cada uno en cada momento.

Y consiguió un nuevo Colegio Virgen de la Chanca, en el que se dejó media vida, pero con un legado que muchos niños pueden disfrutar cada día: un colegio en un barrio marginal con unas instalaciones estupendas.

El pequeño homenaje consistió en una eucaristía en San Roque, y una comida en el propio Colegio Virgen de la Chanca en la que nos dimos cita casi un centenar de personas.

El pequeño homenaje fue entrañable, con muchas lágrimas de por medio, sobre todo cuando reconocíamos todo lo que ha hecho y sigue haciendo de bueno Tomás en nuestras vidas.

Todos coincidimos que lo más destacable no era su sencillez, su cariño, su tesón, sus energías infinitas, su hacer todo calladamente, al estilo de María, y su ser muy buena persona, sino que tiene el don de hacer mejor persona a todo aquel que ha tenido y tiene la oportunidad de vivir un rato con él. Yo soy uno de esos, y no puedo evitar reconocer todo lo que ha hecho de bueno en mi vida mi amigo y hermano, Tomás Marquínez.

 

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