La Iglesia no podrá actuar verdaderamente mientas no tenga un laicado fuerte”. Juan María Laboa, doctor en Historia, licenciado en Filosofía y Teología y especialista en Historia de la Iglesia, defendió la necesidad de una democratización de la Iglesia y una mayor presencia de los laicos en sus estamentos de gobierno durante la conferencia “La Iglesia que generó el Concilio Vaticano II”, en el colegio El Pilar de Valencia, dentro del ciclo de conferencias sobre la Fe que organizan las Fraternidades Marianistas.

Juan María Laboa, antiguo alumno del colegio marianista de San Sebastián, hizo un repaso de los hitos que ha supuesto para la Iglesia católica el Concilio Vaticano II, que cumple ahora 50 años. Se inició el 11 de octubre de 1962 y finalizó el 8 de diciembre de 1965, siendo el primer concilio “vivido en tiempo real, que consiguió que el pueblo cristiano se involucrara  y tomara  partido”.

Señaló que, a diferencia de los concilios celebrados con anterioridad, el Concilio Vaticano II, no se convocó para luchar contra una herejía y definir una verdad. El concilio, en palabras de Juan XXIII, “no quiere ni definir un nuevo dogma ni atacar a nadie, quiere replantear qué es fundamental en nuestra experiencia de Fe” y consiguió, sin pretenderlo, esa modificación de actitudes.

El historiador afirmó que en el Concilio Vaticano II “se tuvo conciencia de la necesidad de cambiar de rumbo” y expuso tres factores que han enmarcado los cambios sociales y políticos a los que se tiene que adaptar la Iglesia: la descolonización, la industrialización y la televisión. Las comunidades de India, China y África, cada vez más numerosas, necesitan una voz y presencia mayor en los estamentos de la Iglesia. La industrialización, que vació los campos, exige la presencia de parroquias en los cinturones industriales de las ciudades, y la televisión, cambiando la mentalidad y el modo de relación de los individuos, la necesidad de ritos religiosos que permitan “que Dios esté en tu vida”.

Reconociendo la situación actual de minoría de la Iglesia, recordó la vigencia de las enseñanzas aportadas por el concilio y defendió la necesidad de una Iglesia más plural, más democrática. “Una Iglesia de mil millones de personas no puede estar dirigida por mil personas”, apostando por un laicado fuerte para que la Iglesia pueda actuar más ágilmente, y mostrándose partidario de abrir el debate del papel de la mujer en el sacerdocio.

Sólo la adaptación a la situación actual, “para ser acogedores, creativos y anunciar quién es Cristo”, para “ser otra vez el grano de mostaza” en la misión de evangelización en la sociedad, permitirá el reconocimiento de la Iglesia,  como ahora representa la labor de Cáritas. Proclamó que “no podemos mandar, pero sí podemos servir”, en referencia al papel del cristiano al servicio de los pobres tal y como predicó Jesús.

Carlos Muñoz

G.F. Belén

 

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