Nos encontramos en plena recta final en la que, entre otras cuestiones, estamos revisando las respuestas a la encuesta que os enviamos a principios de año y que nos servirá para el trabajo de la asamblea.

Sin haber terminado de realizar la recopilación, hay una cosa que me ha llamado mucho la atención: la cantidad de veces que en la mayoría de los formularios aparece una palabra. Una palabra que además tiene mucho que ver con el tiempo litúrgico que estamos viviendo ahora en Pascua y también con el momento que vive nuestra Iglesia. Una actitud que sabemos que es fundamental en nuestra vida cristiana.

Pues sí, hablamos de la APERTURA y me atrevería a decir que es la palabra que más se repite a lo largo de todas las respuestas. Esto me conecta rápidamente con Pentecostés, fiesta que celebraremos el próximo día 15 de mayo y que marcó el nacimiento de la Iglesia cristiana.

“Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban. Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

En  los tiempos que vivimos, tenemos grandes tentaciones  como comunidad  que nos desdibujan el horizonte. Tenemos la tentación de encerrarnos en nuestro pequeño grupo, dejando de ser testigos de la Buena Noticia de Jesús. Tenemos la tentación de reforzar nuestras fronteras  dejando de lado a los pobres y volviéndonos cada vez más extraños a un mundo al que hemos sido enviados.  Celebrar Pentecostés hoy, es abrir nuestras puertas y ventanas para dejar que entre la vida y nos renueve, siendo servidores  de los más pequeños.

Que la inquietud porque la apertura esté cada vez más presente en nuestras comunidades siga siendo tan importante y real como se ha visto reflejado en nuestras reflexiones, y que todo lo que vivimos como comunidad siga traspasando fronteras y llegando a las verdaderas necesidades de este mundo.

Irene Miñón – Responsable Fraternidades Marianistas de la provincia de Zaragoza.

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