Después de varios intentos frustrados de colaborar con distintas entidades, tareas poco útiles, demasiados requisitos: cursillos..etc., la ocasión surgió sola. Os contaré mi experiencia.

Hablando con la empleada de hogar que me ayuda en casa, me di cuenta, que tanto ella como sus amigas estaban solas y sus hijos necesitaban ayuda en sus tareas escolares, y ellas no podían ayudarles; esto me llevo a buscar formas de ayuda, así que hablé con el párroco de la Iglesia San Bartolomé para poder trabajar en los locales que tienen la parroquia en la planta baja. Empezamos como pudimos con 6 o 7 voluntarios y un grupo de 10 niños, los cuales vienen martes y jueves de 17,30 a 19,00h. Los voluntarios se adscriben al grupo del martes o jueves. Cada voluntario es responsable de 1 o 2 niños con una atención especial.

En poco tiempo nos vimos desbordados ya que de noviembre a enero contábamos ya con más de 15 niños y hubo que buscar mas voluntarios, hablando de persona a persona (tarea no fácil) pero como Dios ayuda, ya sabéis “a Dios rogando y con el mazo dando” enseguida logramos formar un buen equipo de monitores, 14 divididos en los dos días.

A los cuatro meses de empezar esta labor social con familias en situación muy desfavorable, hicimos el balance y vimos con alegría que merecía la pena porque los resultados son positivos para las madres, los niños y los voluntarios.

Niños que han dado un giro radical en sus notas, han comenzado a ilusionarse en estudiar y están siempre deseando venir a clase.

Madres felices que no se imaginaban contar con ese apoyo tan positivo.

Voluntarios tanto hombres como mujeres, implicados, responsables y contentos con su labor.

Creo que sería más significativo oírlo de ellos mismos, os copio algunos de sus comentarios:

“La alegría y el agradecimiento de las familias es nuestra mayor satisfacción” (un voluntario)

“Gracias por haber tenido esta gran iniciativa y haberme hecho un huequito en ella” (una voluntaria)

“Quería comunicarte lo contenta que estoy con tu hija, lo esta llevando todo muy bien, con mucho interés y responsabilidad ¡enhorabuena! Y a seguir así” (nota de una profesora de un colegio dirigida a una madre)

“Mi hijo está super contento dice que le han explicado muy bien ustedes, muchas gracias por lo que hacen con los niños” (madre)

También hay que decir que hemos encontrado alguna piedra en el camino, sobre todo el primer año, voluntarios que han abandonado la tarea por diversos motivos y ha habido que poner el esfuerzo de sustituirlo.

Una vez visto que la labor salía adelante en nuestra fraternidad de Mawuena decidimos que se implicasen más personas y que ésta fuese la misión de nuestra fraternidad.

Ya estamos acabando el segundo año, y cada vez va mejor, como dicen los voluntarios “para mí, la escuelita es prioritario”.

Y una vez que algo empiezan surgen muchas ramificaciones para poder ayudar a personas realmente necesitadas. Primero escuchándolas, agradecen que se les escuche con cariño sus dificultades, en sus vidas hay auténticos dramas.

Después hemos logrado que 5 personas encuentren trabajo, esto les da mucha seguridad.

Poco a poco vamos organizando charlas para padres sobre educación de sus hijos.

Actualmente hemos comenzado proponiendo a algunas madres formar “grupos de Jesús” donde trabajar el Evangelio y recibir formación.

Es una alegría ver como la misión va creciendo. Sueño con ver en muchas parroquias de Valencia una persona que lleve a cabo una labor similar, ayudando a tanta gente buena y desfavorecida.

En este momento en la escuelita hay 22 niños y 17 monitores.

 

 

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