Querida Familia: Esta vez, os escribo mientras vemos nevar desde la ventana inmersos totalmente en este invierno, que aunque tardó en llegar, terminó haciéndose presente como cada año en las no siempre cálidas tierras vitorianas.

Recientemente, hemos celebrado el Consejo Provincial donde hemos abordado temas de la actualidad de nuestras comunidadesn. Uno de los temas que allí compartimos fue el proceso de la consagración definitiva y cómo ello queda recogido en el documento. En todo esto hay, entre otras, algunas cuestiones importantes como son la importancia de entenderlo como un proceso en el tiempo y no como algo puntual, la importancia de que la invitación sea una invitación explícita y personal y la importancia de la persona y sus circunstancias. La comunidad en su conjunto es algo fundamental, pero igualmente los encuentros y atenciones a la persona.

Cuidar a la persona de manera individual es algo que tenemos que tener siempre presente. Acompañar, escuchar, estar disponibles… Porque todo esto, responde a la necesidad que todos tenemos de ser escuchados, de no vivir en solitario, de hacer referencia a otros de nuestras vivencias, sentimientos, dudas y decisiones a tomar.

Que el invierno no acampe en nuestras relaciones con las personas que tenemos cerca. Que en nuestras reuniones de fraternidad, tengamos siempre espacios para poder preguntarnos cómo estamos, qué nos preocupa y qué es lo que a veces no somos capaces de llevar adelante. Que, más allá de los contenidos y organizaciones, siempre tengamos el interés por acercarnos a las vidas de las personas que no siempre pasan por su mejor momento. Seguro que alguna vez te has sorprendido… Desde la luz recibida por el encuentro con Dios, seamos luz y cercanía para otros.

Irene Miñón – Responsable Fraternidades Marianistas de la Provincia de Zaragoza.

febrero 2015