Este 1 de mayo fue caluroso, radiante. Empezamos con la Eucaristía. Celebración y alegría a raudales. Cristo estuvo en el centro de la comunidad parroquial.

Después la rutina -bendita- de todos los años: el bar con bebida fresca, la leña, las bolsas con el pollo, las verduras, los condimentos… ¡qué sería de esta fiesta sin el trabajo discreto y generoso de tanta gente que lo hace posible!

Conversaciones repetidas del año pasado: que si yo pongo antes el pimentón, que si me he traído de casa el cuchillo que corta, que si busca leña que esto se apaga… Una vez más, las paellas son la excusa para encontrarnos. Toda la parroquia sale este día a celebrar que nos queremos, que formamos parte, que queremos sentirnos cerca unos de otros, que somos Hijos de Dios.

Somos iglesia abierta, acogedora, marianista… cada vez más, por puro derroche de gracia del cielo. Y aquí cabemos todos: Sámara, Juniors, Cáritas, Familias, Grupos de Jesús, Familia Marianista… Y Alpha, los recién llegados. Me piden que cuente un poco de la experiencia Alpha.

Hemos tenido la suerte de caer en esta parroquia, en este barrio. Nos llamaron los marianistas. Nuestros inicios fueron difíciles: inexperiencia, miedo, falta de confianza en Dios…  El primer grupo Alpha fue en su mayoría de miembros activos de la propia parroquia. El segundo fue de amigos del primer grupo, con lo que al acabar muchos han ido regresando a sus parroquias. Ha sido en el tercero en el que hemos hecho una invitación real al barrio, dejando puerta a puerta la noticia. ¡Benditas Operarias Parroquiales que nos acercaron a cada esquina!

En este 1 de Mayo hemos disfrutado de personas de los tres grupos. Nos reencontramos con quienes han seguido su camino en otros lugares pero que regresan agradecidos a la parroquia “que les renovó a Jesús por la fuerza del Espíritu Santo”. Recuerdan a su grupo Alpha como una experiencia de comunidad viva. ¡Qué más se puede pedir!

Para el Alpha 3 fue el día del reencuentro tras el descanso. Para muchos el 1/05/19 fue su primer “día de las paellas”. Hubo alegría, acogida, confidencias, ánimos, cariño… y buena comida. ¡Espíritu de familia! (Al acabar las 12 semanas Alpha, se insiste en que hay que dejar un mes de silencio para que vaya cada uno descubriendo sus llamadas, sus deseos…).

Ahora andamos con el Postalpha, es la comunidad recién nacida. En ella se han juntado miembros de los tres Alpha. Cuánta ilusión por disfrutar de la hermandad en Cristo, ser mejores cristianos o empezar a serlo. ¡Qué gozo verlos!

¡Cuánta bendición Señor! Gracias por traérnoslos.  Ellos son tus regalo, preciosos, elegidos por ti delicadamente para nuestra conversión. Para transformarnos en más auténticamente cristianos. Para vivir el desprendimiento, la generosidad, la confianza, el poder de tu Espíritu. ¡Cómo te podremos pagar tanto bien cómo nos has hecho!

Una petición Señor que nos concedas, regresar a casa después del “día de las paellas” con olor a oveja.  A tu tiempo y a tu hora. Así sea

 

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