Siempre he pensado que el carisma marianista tenía dos cosas que le diferenciaban de otros: el espíritu de familia y la capacidad de adaptarse a la sociedad del momento.

Estos últimos meses, tan raros y desconcertantes para todos, me han servido para confirmarlo.

Después de las dos primeras semanas de estar en estado de shock, el Espíritu se puso a trabajar para hacernos ver como podíamos seguir viviendo (y siendo) Família cada uno desde su cuarto de casa.

Las oraciones compartidas con las fraternidades de mi zona y con el grupo de las religiosas marianistas de Barcelona, sumadas al regalo de vivir la Pascua Fortes online, han sido un soplo de energía, cariño y esperanza. Para los que vivimos nuestra Fe en comunidad (no siempre, pero sí sobre todo); ha supuesto una manera de llenar un hueco que se estaba abriendo dentro nuestro. Sólo puedo dar gracias a Dios por todas las mentes que ha iluminado y toda la energía que ha hecho llegar a las personas que han estado detrás de las propuestas de vivencia en Familia de los últimos meses.

Y la vuelta a esta “nueva normalidad”, muy nueva pero nada normal… Me ha puesto delante de los ojos (no sólo a mí, sino a todos los implicados en los grupos de Fe de Barcelona), la oportunidad de, como cada año, salir unos días de la ciudad con los chavales y disfrutar de la comunidad y la naturaleza. Ha sido una decisión difícil, las exigencias son muchas y muy duras, pero si el Espíritu nos llama a ofrecer una experiencia que siempre es necesaria, pero este año mucho más, a los chavales ¿como no vamos a responder con un Sí y con una sonrisa?

Siempre he pensado que acompañar a niños y adolescentes en su vida de Fe es la misión más maravillosa del mundo. Este año, con guantes, desinfectante, mascarillas y con 1,5 metros de distancia, seguro que también lo será. Ese espacio entre niños y entre niños y monitores, lo llenará Jesús.

En tiempos de Pandemia, con el carisma marianista, se vive mejor.

Montse Santiago Ocampo

Responsable Zona de Barcelona

 

 

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